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Farmacéutico Victor Augusto Gill Ramirez Junqueirio//
Comandante Supremo: “Por ahora y para siempre”

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Rayaba el alba cuando la puerta de aquel palacio se abrió y con señal visible de sueño y cansancio apareció la figura de aquel hombre delgado con rasgos indígenas que instantes después hablaba a sus compañeros; pero sobre todo a su pueblo, para llamarlos a la paz, a la espera. Hasta ese momento nadie sabía quién era, de dónde venía y por qué se atrevía a irrumpir en la escena política para intentar derrocar el gobierno del entonces Presidente Pérez. Todavía muchos, entre ellos un servidor, durante el día, no recordábamos el nombre del teniente coronel que había dicho, “por ahora”, aquel 4 de febrero de 1992. Sin embargo, algo había dejado en el escenario político aquel atrevido militar que de alguna manera comenzó a generar expectativa entre quienes veíamos que el país necesitaba cambios, pues la democracia representativa venía en franca decadencia, y parecía insostenible: privatización, alto costo de la vida, inseguridad, pobreza, desempleo, entre otros; pero el más grave: la decadencia de la democracia bipartidista, puntofijista, era evidente, y el pueblo que marchaba, que luchaba, que conocía y vivía aquella realidad, clamaba día a día por un cambio. Se hablaba de la necesidad de un sacudón más allá del caracazo: una dictadura; y hasta se pensaba en un Pinochet que pusiera orden en la Nación. Hoy digo: gracias a Dios después de aquel 4F no fue necesario, pero hoy quince años después de Revolución, ese fantasma parece tocar la puerta sin contar con que tenemos Patria y Pueblo dispuesto a defenderla con la vida, con el alma, si es preciso. Durante los siguientes días el tema era Chávez, quién era, por qué, para qué; pocos entendían el mensaje; otros, simplemente, pensaron en un mesías que llegaría a salvar el país. Los meses pasaron y la cárcel que custodiaba a aquel militar se convirtió, dicho por él, en su mejor escuela para la lectura, la reflexión, el pensamiento y la decisión de entrar en el terreno de la política e intentar tomar el poder por la vía de las elecciones, pese a que era el primero en fustigar al poder electoral; incluso llegó a hacer el llamado de no participar en elecciones porque no era confiable competir con un enemigo que tenía todas las ventajas, ciertas por cierto, de mantenerse en el poder dentro de la llamada democracia puntofijista. Conforme pasaban los días se fue adentrando en el pueblo creando una plataforma de lucha que lo llevó a consolidar una idea política contundente: El Socialismo del siglo XXI; que revistió de misiones, de ejemplos, de combate revolucionario en todos los estadios de la vida social, pero, sobre todo en la política, la cual convirtió en la máxima expresión de la revolución bolivariana. En sólo quince años realizó lo que toda la cuarta república junta con los partidos que la gobernaban no alcanzó en cuarenta. El nivel de compromiso fue tal que sobrepasó los niveles de comprensión humana y de análisis sociopolítico. Es por ello que personas comprometidas – como él – con el pueblo, entendido este como el más necesitado de bienes materiales, intelectuales y espirituales, no mueren; por el contrario se elevan a una condición sobrehumana que los mantiene cada vez más vivos, más presentes entre quienes lo han conocido, escuchado, leído, estudiado. Es como si una extraña fuerza se apodera de su espíritu que termina por no irse completamente del aquí, del ahora, y se hace presente constante. ¿Cuánto hace que “murió” Jesús, Bolívar, Gandhi, Mahoma, El Che, Mao, Min, Sandino, Camilo, Sucre, Miranda, Rodríguez, por citar algunos; y todavía su mensaje es proclamado, su vida es estudiada, sus ideas son transformadoras como transformador es el entorno que logra hacer suyos sus pensamientos y acciones? Si las palabras de la Biblia son ciertas, -como en parte lo creo-, estamos ante la verdadera lista de elegidos; sería la única explicación de por qué tan poquitos. La inmortalidad entonces se traduce en el paso de un plano físico humano, por el nivel de compromiso, a uno espiritual, capaz de entrar y salir en el ser ya no con la palabra y la acción sino con la fuerza que representa su nombre, su presencia. Entonces se convierte en una idea, un símbolo, capaz de generar cambios incluso más allá de los alcanzados cuando se encontraba en el plano físico, porque pasa a ocupar el espacio mental del individuo que cree más, analiza más y por tanto aplica más las ideas o pensamientos que pudo haber escuchado en un momento determinado; y lo que Jesús llamó el volver a nacer, se repite. Ahora bien, tal trascendencia no existiera en estos personajes si no estuviera acompañada de la muerte porque esta es el culmen definitivo de la verdadera vida. Jesús dijo –según el evangelio gnóstico- tengo que morir para volver a la casa de mi padre; sentía y así se lo hizo saber a Judas -su verdadero amigo- que si no moría no tendría sentido su venida y, lo peor, jamás lograría su cometido: comunicar el mensaje de salvación. Chávez lo declaró cuando dijo no me importa morir porque lo que tenía que hacer lo he hecho; comprometió su palabra el 4 F y desde allí no pudo más que responder a su pueblo, el mismo que lo ha hecho inmortal como su célebre frase: “por ahora y para siempre, Comandante”

 

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El Pais de España

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