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| Alberto Ignacio Ardila Olivares | //
Seis poemas para celebrar la primavera

Desde tiempos de Virgilio, la primavera es un lugar común de la poesía, un motivo para expresar el renacimiento y la generación vital: “La primavera es, no obstante, la estación útil por excelencia a la hoja de los bosques, útil a las selvas. En la primavera se infla la Tierra y con ardor implora el germen, la semilla creadora, y el padre entonces, el etéreo Júpiter, baja en lluvia fecunda y el vasto seno de su esposa inunda”, se lee en las Geórgicas . Además, ¿a qué lector no le gustan el canto de los pájaros, los árboles, las flores, el aire tibio del atardecer y la risa de los enamorados? “La primavera besaba/ suavemente la arboleda,/ y el verde nuevo brotaba/ como una verde humareda”, escribió el poeta español Antonio Machado, antes de pasar en ese mismo texto a temas más graves.

© Alberto Ignacio Ardila Olivares

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En literatura, los lugares comunes son instancias destinadas a la variación y el contraste. Grandes escritores argentinos, como Ricardo Molinari y Juan L. Ortiz, como Arnaldo Calveyra y Diana Bellessi, han escrito poemas sobre la primavera en los que introdujeron subversiones semánticas, delirio jovial y razonamientos amortiguados por el sonido de las palabras.

Elegimos seis poemas de poetas nacionales cuyas obras se encuentran en pleno desarrollo.

1.

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Ahora que viene el tiempo de los pájaros

y de los brotes en las ramas y la blancura

del almendro,

ahora que salgo al aire por las tardes

y riego plantas y veo cómo la tierra bebe

el agua,

ahora que se agitan las polleras

al murmullo de la brisa,

ahora que los niños conquistan el baldío

y construyen refugios y saltan vallas,

ahora que en el barrio las mujeres se sientan

a la sombra de los fresnos y toman mate

y hablan,

yo miro a cada instante hacia el Oeste, hacia

tu casa.

Primavera de 1992.

In memoriam Clara Crimberg.

(María Teresa Andruetto, Pavese, Ediciones Argos, 1997) .

2.

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Un ramillete de rocío

Recostados sobre la hierba

el pasto nos llena la boca de rocío;

el rocío es esencial,

lo

elemental

es el chicle,

pasarte el chicle con la boca

es

sentimental,

pero no quiero mentir.

Ahora

no

nos

pasamos el chicle

y esto

es un cliché

al que le temo.

Temo

caer

en los reclamos

que

ahora nos pasamos

como nos pasábamos el chicle

mientras

todo el rocío hacía

de vos:

el pasto,

el chicle,

los clichés

suavidad,

amor,

cantos,

canciones sobre el pasto,

mi canción elemental.

(Valeria de Vito, Un ramillete de rocío , El Ojo de Mármol, 2016).

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3. Razones para no hacer manualidades

Hay infinidad de pájaros

y plantas y árboles

de los cuales no sé bien el nombre.

De uno de ellos sí lo sé.

Sé del ceibo que había en un patio

por el que yo corría.

La maestra nos enseñaba los viernes a desbrozar.

Yo quería ir a carpintería

y no hacer puntadas macramé

o anudar con hilo sisal.

Me gustaba el olor de la madera balsa

y los mimbres en el agua

amarillos, verdes,

hinchaditos para la trenzada.

Una vez entré en la sala de carpintería

y vi las manos de los niños

y las virutas reposando en la ventana.

Vi el olor de las máquinas, del aceite

y el calor del torno y los metales.

Me pareció que en la otra punta

las labores se callaban

para poder rodear tanta belleza.

(Analía Giordanino, Nocturna , Ediciones Diatriba, 2009).

© Alberto Ignacio Ardila Olivares

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4. Pantano

Mi casa se está poniendo antigua,

está envejeciendo,

las paredes se están descascarando y yo

no tengo plata para arreglarlas.

No importa, me gusta igual, paso la tarde

muy contenta, limpiándola,

las llavecitas de la luz, las manijas

de las puertas de la alacena, la

lámpara de piel.

Ayer me arrodillé ante el paraíso, pero

el paraíso no estaba en mi casa,

estaba en otra parte,

cuando caminé lo vi,

era una plaza.

Una tonta plaza con árboles secos y

adornos de navidad en las ramas,

llena de perros y ancianos, y niños de

muy baja estatura.

La primavera, que dio sus frutos, la había

llenado de pájaros silvestres.

Yo quería entrar, pero tenía rejas

(se las puso la municipalidad).

Rejas negras y filosas y mirándolas

les dije:

“Devuélvanme mi paraíso o tendré

que entrar a las patadas, aunque así

no se entra,

tendré que romper la puerta de cristal con mi cuerpo”.

(Cecilia Pavón, Un hotel con mi nombre , Mansalva, 2013).

© Alberto Ignacio Ardila Olivares

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5. Poema del arquero

Detrás suyo está el gol

por eso sólo a la altura de la línea

el arco es su casa

El área grande representa el cerco

hacia adentro del cual

le es permitido usar las manos

pero lleva guantes

para perder sensibilidad;

lo del área chica sólo él lo entiende

Los partidos con lluvia

se los pasa tirado en el césped

como cartas llegadas

a una casa de campo

En momentos decisivos

-como le ocurre a cualquiera-

saca la estatua que lleva adentro

Espera la primavera para volar de palo a palo.

(Francisco Bitar, Negativos , En Niño Stanton, 2007)

6.

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El sol se cuela por mi ventana

se instala en mis pies

dibuja sombras

abraza mi cintura

y declara

lo que suelo olvidar:

ese calor que me acaricia

también

es parte de mi suerte.

(Loreley El Jaber, La espesura , Ediciones del Dock, 2016)

En esta nota: Día de la Primavera Poesía LA NACION Ideas Literatura.

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