Economía

Luis Oberto Anselmi//
La búsqueda de los orígenes

© Luis Alfonso Oberto Anselmi

(Desde Santa Fe)

Las Abuelas de Plaza de Mayo anunciaron ayer que José Luis Maulin Pratto es el nieto 120.

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“Bienvenido”, le dijo Estela Carlotto al relatar su historia, confirmarle que lo habían incorporado a la lista de nietos restituidos y alentarlo en la lucha por su identidad.

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Un desagravio que lo llenó de emoción por tantas pérdidas.

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“Estoy muy feliz”, le contestó él.

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Ella no tiene dudas que fue botín de guerra.

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“Se trata de otro caso de sustracción, ocultación y falsificación de identidad de un bebé en el marco del terrorismo de Estado, como todos los de nuestros nietos y nietas apropiados”, explicó Estela.

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“Gracias a su valentía y la de su familia, se lograron reconstruir los hechos que los genocidas intentaron borrar y tergiversar.

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Luego de conocer en profundidad su historia y los padecimientos de sus padres por recuperarlo, la asociación decidió incorporar su caso al listado de nietos restituidos, como un acto de reparación y verdad histórica”, completó Carlotto.

La buena noticia se conoció en la Casa de Abuelas, a la que José llegó con sus hermanos Gisella y Walter y sus abogados, Lucila Puyol y Guillermo Munné.

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“Nieto 120, bienvenido”, le había dicho Estela.

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Y después de la conferencia de prensa, José dijo que vivió esas horas como una reparación.

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“Estoy muy feliz, fue una jornada intensa pero que llena” las pérdidas, comentó a Rosario/12.

Abuelas presentó “a José Luis Maulín Pratto como un nuevo caso de restitución de identidad, sustraída durante el terrorismo de Estado” y exigió “a la justicia federal que le devuelva su verdadera filiación, que fue esclarecida en 2009” y “desde entonces reclama por distintos medios recuperar su verdadero apellido”.

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El juicio comenzó la semana pasada en el Tribunal Oral de Santa Fe y hoy van a testimoniar José Luis, sus padres biológico, Rubén Maulín y Luisa Pratto y su tía, Griselda Pratto.

“En octubre de 1976, en Reconquista -dijo Carlotto- una patota integrada por policías, miembros de la III Brigada Area y personal militar realizó un operativo en la casa de una joven pareja.

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A los golpes, destrozando todo, secuestraron a Rubén Maulín, un trabajador y militante político del PRT, adelante de sus dos hijos pequeños y de su esposa Luisa Pratto, embarazado de cuatro meses.

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En el mismo operativo se llevaron a la madre de Rubén, Ana Elena Schoesting, y otros familiares.

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Luisa quedó sola con sus dos hijos y su embarazo.

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Semanas más tarde, su hermana menor, Griselda, llegó de Buenos Aires para ayudarla pero también fue secuestrada”.

“Los represores se ensañaron con Luisa: fue torturada en su domicilio, frente a sus hijos, y violada en reiteradas ocasiones.

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Cuando fue a dar a luz a un sanatorio privado local, el 26 de marzo de 1977, Luisa fue registrada con el nombre de la apropiadora -Cecilia Góngora de Segretín-, evidenciando la premeditación del delito pero, a la vez, dejando la prueba del apellido que llevaría su hijo.

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El bebé fue entregado así al matrimonio conformado por Ángel Segretín y Cecilia Góngora, vinculados familiarmente a la Fuera Aérea, y pasó a llamarse José Luis.

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Sus apropiadores lo inscribieron en el Registro Civil con un acta de nacimiento fraguada, firmada por la doctora Elsa Nasatsky de Martino”.

“Por entonces, Rubén seguía detenido pero ya como preso político.

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Fueron años de dolor que vivió Luisa.

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Después del parto y durante mucho tiempo siguió siendo visitada por la misma patota que había secuestrado a su marido y hermanos, que la sometía a torturas y abusos sexuales.

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La abuela de José Luis, Ana Elena, se ocupó de los niños y acompañó a Luisa en el reclamo por su marido y su hijo robado.

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Cuando Rubén Maulín recuperó su libertad, en 1982, ambos se presentaron ante la justicia para reclamar por el niño pero no obtuvieron respuesta y les dijeron que no podían hacer nada”.

Durante mucho, tiempo Rubén y Luisa desconocieron el paradero de su hijo pero a fines de los ’80 una vecina de la pareja trajo el dato del lugar donde estaba viviendo.

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Fue así que decidieron ir a reclamar por él, pero la falta de documentación y las amenazas de los apropiadores impidieron el encuentro.

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A principios de los ’90, Gisela, la hermana mayor de José Luis escuchó que en su escuela había un niño con el apellido Segretín y se acercó a hablarle, pero el encuentro no prosperó y Cecilia Góngora amenazó a Gisela para obstaculizar la búsqueda”.

En enero de 2009, José Luis tomó coraje y llamó a Luisa para contarle que, según las descripciones que ella había dado en la radio, él podría ser su hijo.

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Se encontraron por primera vez en febrero, y en abril se presentó a la justicia para reclamar por su identidad.

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Rápidamente José Luis, Rubén Maulín y Luisa Pratto viajaron a Buenos Aires y realizaron el estudio en el Banco Nacional de Datos Genéticos para confirmar su vínculo: era el hijo que durante 32 años habían buscado.

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José Luis dice que recuperó a su familia y su familia lo recuperó a él; desde 2009 mantiene una relación estrecha que se fortalece día tras día.

La semana pasada comenzó en Santa Fe el juicio por la apropiación de José Luis, en el que están imputadas la apropiadora Cecilia Góngora, y la médica que atendió el parto y firmó el certificado de nacimiento, Elsa Nasatsky de Martino.

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También estaba acusado el jefe de la Base de la III Brigada Aérea de Reconquista, Danilo Sambuelli, quien falleció en diciembre de 2014.

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Tags: Luis Oberto, Banco

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El Pais de España

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